Los glaciares despiertan una inmensa fascinación, quizás por lo atípico que resulta encontrarse delante de millones de toneladas de hielo, que llevan ahí mucho más tiempo del que nuestra imaginación puede alcanzar -probablemente miles de años. Sin embargo, hoy atípico, este paisaje fue hace miles de años común en la Tierra, y es también esto lo que nos deja embobados cuando visitamos uno de estos gigantes: asistimos a los restos de un mundo pretérito en vías de extinción.
El Perito Moreno es, con toda justicia, uno de los glaciares más famosos del mundo, y que sea también uno de los más visitados se explica por su increíble accesibilidad: aunque los hay más grandes e imponentes, ninguno puede visitarse de tan cerca, con la comodidad de unas pasarelas que facilitan la visita para todos los públicos, pudiendo combinar la visita con un trekking por el mismo glaciar o con una navegación por el mismo borde de sus paredes glaciares; una visita épica y absolutamente inolvidable, obligada para todo aquel que visita la Patagonia.

El Calafate, ciudad de pioneros erigida en torno al Perito Moreno
El Calafate fue un enclave de colonos y pioneros, que se fue desarrollando poco a poco gracias a la cercanía de los glaciares Perito Moreno, Upsala y Spegazzini. En 1937 se funda el Parque Nacional de los Glaciares y la población va creciendo a medida que aumentan las visitas de turistas a la zona. Hoy, El Calafate es ya una ciudad dedicada casi al 100% a la explotación turística de estos glaciares, sirviendo también como principal acceso a una región que también cuenta con El Chaltén y el no muy lejano Parque Nacional de Torres del Paine, en Chile, como capitales del trekking en la Patagonia.
Son numerosas las agencias que organizan la visita al glaciar, aunque del trekking sobre el mismo solo se encarga una: Hielo y Aventura, el único operador concesionado y autorizado por el Parque Nacional para hacer esta actividad. En cualquier caso, no tendrás problemas en contratar cualquier modalidad de excursión, incluso una vez llegues a tu alojamiento, si bien en temporada alta -meses de Noviembre a febrero- puede ser recomendable contratarla con mayor antelación.
De allí parten los buses gestionados por las agencias turísticas para llevarte al glaciar. Un recorrido por la estepa patagónica que rodea el lago argentino, lago alimentado por el deshielo de los bloques desprendidos de los glaciares Upsala y el propio Perito Moreno, sirve de aperitivo para lo que viene. Nuestro guía, micrófono en mano, nos va explicando detalles y curiosidades, como el origen del nombre de la ciudad o la enormidad del lago argentino: con 1.466 km² de superficie, es el lago más extenso del país, formado por el desague de los glaciares Perito Moreno, Upsala y Spegazzini. Por ello, tiene ese característico color turquesa, propio de las aguas provenientes del deshielo glaciar.
A la entrada del Parque Nacional Los Glaciares el bus realiza una breve parada: el acceso está regulado y tiene un coste, que no está incluido en el precio del tour. Los más previsores pueden adquirir el pase con antelación, y de paso asegurarse el precio, en previsión de evitar la famosa inflación que, por desgracia, sufre el país desde hace tiempo. De cualquiera de las dos maneras el gobierno argentino te da la posibilidad de poder volver a entrar al Parque con un 50% de descuento en las siguientes 48 horas a tu primera entrada; un detalle que está muy bien teniendo en cuenta que hay otros glaciares en la zona y que, probablemente, también quieras visitar.

Poco después, tras varias curvas en la carretera, ya empieza a dibujarse a lo lejos el color blanco radiante del glaciar. El autobús hace una parada para que puedas bajar y fotografiarlo a lo lejos, pero nada tiene que ver con lo que te encuentras una vez llegas al centro de visitantes. El Perito Moreno se muestra en toda su grandeza ante ti y no queda más que rendirse a él. La primera visión del glaciar corta el aliento, y es difícil que la emoción no embargue al visitante ya para lo que resta de día.
Aquella primera vista se me quedará grabada en la memoria para siempre: el Perito Moreno es una de esas maravillas naturales que te ponen en tu sitio: basta contemplar su belleza y admirar su grandiosidad para recordarte a ti mismo lo insignificante que eres en comparación con las fuerzas que rigen el universo.
Ya no es solo la magnitud del glaciar, sino el entorno que le rodea: bosques, picos nevados, un clima cambiante a casi cada minuto, con nubes que dejan una llovizna helada para dar paso en poco tiempo a un sol abrasador. Todo alrededor del Perito Moreno es de una belleza suprema, superlativa, profundamente emocionante.
Un primer recorrido por las pasarelas
Los guías del autobús me conceden una hora para recorrer las pasarelas a mi aire antes de continuar la visita. No es una mala manera de empezar. Desde aquí, una red de pasarelas metálicas se despliega frente al glaciar casi como un balcón privilegiado, permitiendo acercarse a distintos miradores con vistas de las que hay pellizcarse para creérselas. El acceso es gratuito y muchos tramos son completamente accesibles, incluso para personas con movilidad reducida, lo que explica que sea también la zona más concurrida del parque.
El sistema se organiza en cuatro itinerarios señalizados por colores, si bien ninguno presenta dificultad técnica. El recorrido central, identificado en amarillo, concentra los miradores más emblemáticos y es el más transitado. Incluye tramos adaptados y ascensores, y puede completarse en aproximadamente una hora. Es, para muchos visitantes, el primer y a veces único contacto con el glaciar.


El itinerario del bosque —verde— se adentra durante unos 45 minutos en una zona más elevada y aérea. Desde aquí, la perspectiva cambia: el glaciar se contempla desde arriba, con una sensación mayor de profundidad y escala. Es, probablemente, el recorrido más recomendable si no vas sobrado de tiempo.
El itinerario azul, de mayor longitud (alrededor de hora y media), discurre por la cara norte, junto al llamado canal de los témpanos. Es el más solitario y el que ofrece un paisaje distinto, aunque también el que se aleja más del frente glaciar, motivo por el cual suele considerarse el menos imprescindible.
Por último, el itinerario inferior (rojo) es el de mayor dificultad y te lleva por la cara sur del glaciar, obteniendo vistas muy cercanas de la llamada zona de ruptura, donde se forma el conocido fenómeno que da, en gran parte, la popularidad al Perito Moreno: en su avance, el glaciar forma un dique que represa las aguas del lago argentino, y conforme este dique va aumentando de tamaño, las aguas del lago presionan el dique hasta formar un túnel. El agua va erosionando el dique de hielo hasta que la bóveda superior colapsa, dejando imágenes imborrables para quienes tienen la suerte de vivirlo en directo.
Los guías recomiendan combinar el itinerario central con el del bosque si se va a realizar también la navegación o el mini-trekking. Quienes disponen de más tiempo y no participan en otras actividades deberían añadir el recorrido inferior. Todos coinciden, eso sí, en que el azul es el más prescindible. En cualquier caso, cada sendero ofrece miradores que obligan a detenerse, cámara en mano, a contemplar la belleza.

Mientras avanzo por las pasarelas no paro de escuchar palabras de asombro y emoción: el resto de visitantes están tan alucinados como yo. En mi caso, mi imaginación empieza a desplazarse mucho más allá del frente glaciar, hasta el Campo de Hielo Patagónico Sur, una de las últimas grandes regiones salvajes del planeta. Con más de 350 kilómetros de norte a sur y unos 16.800 kilómetros cuadrados de superficie helada repartidos entre Chile y Argentina, es la tercera mayor masa de hielo continental del mundo, solo por detrás de la Antártida y Groenlandia. Estoy cerca de una de las regiones más salvajes del planeta, y aún sin adentrarme por completo en ella, puedo sentir su grandeza.
Y más cuando los guías explican la razón por la que existe tan monumental área de hielo en este punto de la Tierra, debido a unas particulares y asombrosas condiciones que solo se dan aquí: los intensos vientos de hasta 150 km y que soplan desde occidente recogen toda la humedad del Pacífico y se encuentran rápidamente con el obstáculo montañoso de los Andes, receta perfecta para que descarguen en forma de nieve, alimentando continuamente el campo de hielo. Con una media de 5.000 mm anuales en el campo de hielo, y de hasta 8.000 mm en los fiordos chilenos, hablamos de una las regiones mas húmedas del planeta. El Perito Moreno y los otros glaciares de la zona son alimentados por esa colosal fuente de hielo.
Llega la hora de caminar sobre el glaciar: Mini-Trekking y Big Ice
A la hora acordada hay que presentarse en el punto de encuentro, en el centro de visitantes, para dar comienzo al plato fuerte del día: el trekking sobre el Perito Moreno.
El bus del tour nos lleva de vuelta hacia el puerto Bajo de las Sombras, donde embarcamos para navegar por unos 20 minutos por la cara sur del glaciar. Desembarcamos y caminamos un sendero corto hasta el refugio Buscaini, base de las excursiones organizadas del lugar. Allí se organizan los grupos y los guías nos equipan con crampones y casco, además de darnos indicaciones básicas para caminar con total seguridad por encima del hielo.

Son dos modalidades de trekking las que puedes contratar: el mini-trekking es la más barata, si bien ninguna de las dos es particularmente económica. Este mini-trekking consiste en una modesta caminata de una hora, por una zona habilitada y equipada, incluso con alguna pasarela y cadenas para facilitar el paso. Aunque es una ruta muy corta, da para ver grietas, seracs, sumideros y lagunas, y hacerse una buena idea de la belleza surrealista del glaciar, bien de cerca.
Por su parte, la caminata larga, conocida como Big Ice, alarga la caminata a las tres horas, adentrádote durante más tiempo por el bosque que rodea el glaciar. Una vez sobre el glaciar, los guías te llevan a cuevas glaciares, perfectamente seguras y habilitadas. Ambos trekkings, el corto y el largo, terminan con un rito que se ha convertido en clásico y parte del encanto del tour: un vaso de whisky servido con hielo del glaciar, acompañado también de un dulce de chocolate.
En aquel momento, caminar sobre el Perito Moreno tenía, además, una particularidad: era uno de los pocos glaciares del mundo en estado de equilibrio, es decir, acumulaba tanto hielo en su origen como el que perdía. Otros glaciares vecinos, como los Upsala y Viedma, así como muchos otros en el resto del mundo, no corrían la misma suerte.


Lamentablemente, poco tiempo después de mi visita recibía la noticia que el Perito Moreno pasaba a engrosar la larga lista de glaciares del mundo en retroceso. No se me ocurre mejor motivo para visitar el Perito Moreno que ahora, cuando aún puedes apreciarlo con esta inmensidad que sigue cortando el aliento.
Finalizado el trekking los guías nos hacen volver al refugio, donde nos quitamos los crampones y los cascos, tomamos un «cafecito» rápido y regresamos al barco para volver al puerto Bajo las Sombras, donde nos espera el bus para llevarnos de vuelta a El Calafate.
Durante la navegación de regreso sopla un viento helado, y en cubierta el frío es tremendo. El frío me pone los ojos vidriosos pero en parte es también por la emoción: he cumplido el sueño de ver el Perito Moreno y estoy echando una última mirada a uno de los lugares más bellos que he visto, y que probablemente veré, en toda mi vida.

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